sábado, 10 de febrero de 2018

La profe de Literatura


La "vieja" de literatura pegó, en el transparente del aula, las evaluaciones de sus alumnos:

·         Oscar, Ester y Nair: Han salido primero, segundo y tercero en las conjugaciones. Pero esto no es algo definitivo, es infinitivo.
·         Primo, Segundo y Séptimo: Por favor respeten la orden, no el orden. Les pedí que se mezclen, no que se numeren.
·         Armando y Fernando: ¡No se hagan los gerundios! Sigan trabajando duro y lograrán sus objetivos.
·         Eugenia: Para integrarte por completo al conjunto vocal te faltaría una “o”. ¿Podrás conseguirla?
·         Salustiano: Lo mismo que para Eugenia, pero en tu caso sería una “e”.
·         Amada: Olvida el pasado y pon toda tu energía en el presente.
·         Aída: No sos un participio. No hagas caso a la engreída de tu vecina.
·         Concepción: Tu acción es para destacar, pero toma tus precauciones.
·         Constanza: Siempre igual. ¡Anímate a cambiar!
·         Deodoro: Divino, lo tuyo tiene un perfume especial.
·         Azucena, Rosa y Amapola: Florcitas mías, les agradezco su colaboración, pero moderen sus ímpetus. En especial vos, Amapola, no rompas las paradojas.
·         Ariel, Daniel y Ezequiel: Diablos míos, no se hagan los santos.
·         Santos: Vos tampoco.
·         Carmencita: No te achiques ante la primera contrariedad.
·         Ramón: No agrandes todo. Trata de encontrar el punto justo, ni aumentativos ni diminutivos.
·         Talía: Tu vocación está cambiada, lo tuyo es el canto, no el teatro.
·         León: Siempre tan agudo.
·         Clío: Otra paradoja, te llevás historia y tenés diez en Contabilidad. Las musas están confundidas (¿o será el cambio climático?)
·         Lucía: Te aguarda un promisorio futuro. Lucirás, como un lucero.
·         Inmaculada: Defiende tu participio hasta las últimas consecuencias.
·         Matilde: Pon el acento en las cosas que realmente lo necesitan.
·         Clemente: Sé mas objetivo y menos adjetivo.

¡Les deseo felices vacaciones!
Nenucha Iriarte.
.

sábado, 20 de enero de 2018

Frankenstein y Goya - otra del Lolo Amengual


Hace 200 nacía el más famoso de los monstruos: Frankenstein.
Mary Shelley escribió el libro; su personaje, el Dr. Frankenstein, creó al monstruo con partes de cadáveres; y nosotros tenemos de él la imagen de Boris Karloff, en su caracterización para interpretarlo en la película* Dr. Frankenstein, de 1931, dirigida por James Whale.


Unos años antes, en 1799, Francisco de Goya, hizo una serie de aguafuertes que denominó Caprichos entre ellos uno, el Nº 49, que llamó Los Chinchillas. Allí satirizaba a la aristocracia española, poco culta y entregada a la vagancia según él. Si nos fijamos en los dos nobles veremos que hay una similitud notable con la caracterización de Karloff: frentes cuadradas, brazos pegados al cuerpo en actitudes rígidas, un candado o parte metálica en la cabeza, boca abierta, etc.
Es muy posible que los diseñadores de la película se hayan inspirado en la obra de Goya, o al menos, la tomaran como referencia.


Quien me hizo conocer esta coincidencia es el dibujante y humorista Lolo Amengual, admirador y especialista en la obra de Don Paco de Goya y Cifuentes. A tal punto, que ha mantenido una empecinada correspondencia con él: en los últimos cinco años le ha escrito 82 cartas, que por algún misterio el sordo no ha respondido (aunque el Lolo tiene indicios de que las ha leído). Pero de esto nos ocuparemos más adelante.


*El éxito de la película dio lugar a una saga interminable: La novia de F.(1935), La sombra de F.(1939), etc.
Boris Karloff, Los Chinchillas de Goya, La maja desnuda en versión de Lorenzo Amengual y el afiche de la película.
.

miércoles, 3 de enero de 2018

Elisa (cuento)


Anteayer enterramos a Elisa, mi suegra. Su muerte nos tomó por sorpresa, parecía que la vieja iba durar más que la eternidad.
‒Pobre Ricardo, ‒me dice Raquel con una sonrisa beatífica‒ estás fundido. Es natural, te tuviste que hacer cargo de todos los trámites, la cochería, la parcela del cementerio. Descansá, yo salgo a caminar para distenderme un poco‒.
Me alcanzó un té y se fue tranquila, con más paz que tristeza. Yo, en cambio, estoy inquieto y algo paranoico. Cerré los ojos y di el primer sorbo.

Es curioso, pero nosotros, que no tenemos hijos, somos los continuadores de esta familia. Mi mujer y yo llevamos quince años juntos. Más de una vez me pregunto cómo sucedieron las cosas, cómo fue que terminé “aceptado” o “adoptado”, y siempre me respondo lo mismo: se habían terminado los buenos tiempos, llegué en época de vacas flacas, venían en picada, económicamente hablando, y mis buenos ingresos era lo que más interesaba, a la vieja especialmente. Nunca se termina de conocer a la gente. Hay aspectos míos que me sorprenden, con más razón las cosas de los demás, de ellos, de mi esposa. Siempre fueron una familia rara o que yo, al menos, no termino de entender.
El velorio ha sido revelador. No puedo decir que tengo el rompecabezas completo, pero cada pájaro que llegaba a dar el pésame iba trayendo algunas partes, dejando sus recuerdos, aportando sus historias. Tengo una sensación rara, me siento confuso, como si me faltaran piezas, vacío, molesto. Necesito descansar, voy a tratar de dormir.

Los buenos viejos tiempos tuvieron su punto alto unos setenta años atrás, cuando el ahora patriarca¸ Don Bernardo, fundó con un socio la droguería, que en pocos años pasó a tener tres sucursales, una frente al Clínicas. Francisco, su hijo, quedó al frente de la empresa para la misma época en que se casó con mi suegra. Dicen que el viejo le tenía un afecto muy particular, que decía que ella era su verdadera continuadora. Vaya uno a saber lo que habrá sido en su juventud, últimamente era una vieja jodida y taimada cuya víctima preferida era Raquelita, como ella le dice, le decía. La más inteligente fue mi cuñada Nenucha. Puso distancia, se fue a vivir a Italia, no le daba calce y la mantenía alejada. Fue una sabia y sana decisión, al precio del exilio, claro.

Conmigo ni fu ni fa, ella estaba en su casa y nosotros en la nuestra. Lo que compartíamos eran las salidas a cenar, varias veces por semana. No se perdía ni una, comía con una voracidad asombrosa, siempre platos raros y se la pasaba eligiendo lugares sofisticados que sacaba de La Nación y se los hacía pedir a Raquel para que yo no pudiera decir nada. Le seguía la corriente, me divertía verla comer hasta reventar. No sé cómo hacía pero mantenía una buena silueta. Podría decir que hasta era bastante elegante, no podía ser menos con la ropa que compraba, siempre haciéndose acompañar por la hija, en lugares caros y con la tarjeta que terminábamos pagando nosotros.

Con Raquel ejercitaba lo peor de lo suyo, era cruel y demandante, siempre insatisfecha. Ahora me vengo a enterar de que mi mujer es muy parecida a Josefina, la hermana menor de Elisa, tan bonita como ella parece. También parece que era algo más que la secretaria de Francisco, pero ese tema mejor ni mencionarlo. No se habla del asunto desde el fallecimiento del marido, que vino a restablecer la entonces amenazada armonía familiar. Y si hacía falta algo más para enterrar el tema, dos años después también murió ella.
La pobre Elisa, con dos hijas que no habían terminado la primaria, de repente tuvo que ponerse al frente del negocio e hizo lo que pudo con él. Empezaban los tiempos duros
En cierto modo no fue una vida fácil la suya, no debía tener cuarenta y cinco años y le cae todo eso encima. Puso al contador como gerente, pero tampoco alcanzó. Siguió unos años pero el tipo se esfumó y la empresa se la tuvo que vender a un laboratorio. Quedaron razonablemente bien, con propiedades, una es el departamento donde vivió hasta ahora y las otras se fueron en sostener el tren durante un tiempo. Esta es la época en que aparezco yo en la familia. Elisa todavía era una mujer atractiva pero con un rictus de dureza en la cara y una mirada que podía congelarte.

Para colmo de males nuestro casamiento, que parecía tenerla indiferente, se juntó con un hecho menor: le sacaron la presidencia de una asociación de madres de una escuela de Palermo que, en realidad, era un grupo de amigas o conocidas que se reunían los jueves a jugar al burako y a la escuela iban sólo una vez por año a llevar minucias a la cooperadora. Las dos cosas la sumieron en un proceso depresivo, envejeció de golpe, se retrajo, fue perdiendo las pocas amigas que le quedaban. Su carácter se agrió y endureció más aún. Se notaba que iba quedando sola, pero con su mirada dura y su capacidad de jorobar buscaba permanentemente víctimas propiciatorias. La ligaba el que tenía más a mano. Raquel estaba en el elenco estable, pero otros entraban y salían en el círculo de su veneno. Iban y venían, como objeto de su odio, el administrador del edificio, el portero de al lado, la dueña de la Farmacia. Yo me he venido salvando por quién sabe qué designio. Como sucede a menudo con las personas malas tenía una salud de hierro, de modo que la perspectiva era que nos iba a terminar enterrando a nosotros.

Hace un tiempo, los milagros existen, empecé a contar con su estima y a ser tenido  en cuenta para opinar sobre temas cotidianos.
‒Ricardo, estoy haciendo una nota al administrador para que solucione de una vez por todas los problemas de humedad en mi departamento. Necesito que vos la veas y me des tu opinión. ¿Podés venir a casa mañana a la tarde?
‒Por supuesto, mañana estoy ahí, ‒le contesté
Si hay algo que me caracteriza es que soy un tipo tranquilo. Estoy acostumbrado a tomar buenas decisiones y a encontrar caminos, hasta en dónde hay pocas salidas. No siempre son procesos racionales, las más de las veces uso la intuición. Incluso, y en no pocas ocasiones, me dejo llevar por corazonadas y hasta por cosas supersticiosas. Confieso que estas últimas me dan un poco de vergüenza, pero es algo superior a mí que me asalta y me dice que elija tal o cual opción. Como la suerte me ha acompañado hasta ahora, no quiero ni pensar en cambiar de sistema, todo va bastante bien así.

Salí antes y fui directo a su casa. Elisa se había arreglado más que de costumbre, pero no me llamó la atención ese detalle, al que recién ahora recuerdo. Mientras preparaba la mesa yo fui a mirar detenidamente las humedades y me pareció que estaban secándose. No eran para tanto, así que me dije: voy a enfriar el asunto.
Los tés estaban humeando y cuando me senté, volvió a la cocina para buscar algo.
En ese preciso momento me vino un impulso irreprimible y rápidamente intercambié las tazas. Traté de hacerle entender que la mejor estrategia era que bajara el tono agresivo de su nota ya que el problema estaba, casi seguro, solucionado.
‒ ¿Vos creés?
‒ Sí, ‒le dije‒. Esto ha llegado hasta acá y está en retroceso.
‒ Me gusta tu optimismo, pero para mí, en cualquier momento estas cosas reaparecen. Gracias de todos modos .
Nos despedimos con un beso. Raquel la encontró al día siguiente, en la cama, vestida.
.

sábado, 30 de diciembre de 2017

¿Vegetarianos o carnívoros?











El club de los vegetarianos tiene muchos partidarios y su número va en paulatino aumento.
El boom tiene múltiples razones, más ambientales que nutricionales, más ideológicas que saludables, más filosóficas que fisiológicas (pueden reemplazar “más” y “que” por “tanto” y “como” si lo prefieren.)
Dejemos de lado en lo que sigue los aspectos médicos y nutricionales de las diferentes opciones para poner en cuestión otros aspectos vinculados: los contextos históricos y culturales implicados.
El éxito de los alimentos “incruentos” se apoya principalmente en el “derecho a la vida” de otras especies vivientes. Resumiendo: renunciamos a los bifes por objeción de conciencia alimentaria, por amor o por solidaridad con los cuadrúpedos y otros animales.

Las explicaciones de nuestra conducta son complejas y exceden la natural preocupación por la salud y la nutrición. La idea de que comer carne hace mal es una mezcla de cosas que viene desde las raíces del pensamiento occidental.
Los primeros homínidos eran vegetarianos. Desde que dejamos los árboles y adoptamos la postura erecta, nuestra especie se desarrolló a partir de grupos cazadores nómades, que aseguraban así alimentos y sobrevivencia. Varias especies animales más incluyen carne, incluso humana, en su dieta: practican la antropofagia a medida de sus posibilidades depredadoras o por falta de otros alimentos.
La idea de comer carne humana, antigua e inquietante, nos viene de cuando formamos las primeras hordas e incluso almorzábamos a nuestros derrotados, como una manera de honrarlos e incorporarlos.

Más tarde, el noble Pitágoras, padre de las dietas verdes, difundía su horror por el derrame de sangre animal. Se negaba a tocar a los carniceros por considerarlos impuros y portadores de fatales contaminaciones.
Razones tenía: que la sangre tiene algo de cruento lo dice la palabra misma; incluye la raíz indoeuropea Krei, de la que derivan, en muchas lenguas occidentales, palabras como crudo, crimen, crueldad, sangre, sanguinolento, cadáver.
La etimología reúne a todos los vegetarianos, los antiguos y los modernos.

El conmovedor sentimiento pitagórico sobre los animales lo contó Ovidio en el libro XV de  la Metamorfosis. La lectura del viejo texto con la sensibilidad actual nos expone a convertirnos  de inmediato a la “no violencia alimentaria”. Aunque el viejo matemático, en honor a la verdad, no vedaba la ingesta de carne en general sino la de los animales amigos del hombre: bueyes, ovejas, caballos y asnos. Nada decía de los jabalíes, cabras y otros bichos que arruinaban los sembrados y destruían los viñedos. O sea que el tipo era una especie de ecologista temprano cuya prédica la tomó el cristianismo en el tema de la abstinencia de carne durante algunas fiestas. El tema tuvo rechazos y adhesiones, entre las más conocidas, la de San Francisco de Asis.

García Márquez, en El otoño del patriarca y Shakespeare en Tito Andrónico cuentan unos banquetes que incluyen la manducación de algunos insumisos.
En oposición a esto tenemos a Gandhi por un lado y a Lisa Simpson por otro como abanderados de los herbívoros puros. Algún desarrapado podrá decirme que Hitler también era vegetariano, como prueba de que este tipo de alimentación no es garantía de buena conducta para con los semejantes.
Las distancias son cortas y parece que no pasan por allí, pero en realidad vale preguntarse:
¿Es que en cada dietética hay también una ética?
¿Estamos expiando alguna culpa con nuestra decisión alimentaria?
¿Nos queremos proteger de algún recuerdo terrorífico?


Lo anterior es un resumen libre de un excelente artículo de opinión de MARINO NIOLA que publicó La Repubblica, diario italiano, en septiembre de 2017.
.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Juego: dos palabras contra el totalitarismo


Me han pedido que participe en un juego literario que consiste en escribir algo acerca de dos palabras del diccionario, elegidas al azar.
Acepto el desafío, pero con estas aclaraciones: no me prestaré al uso habitual que, en general, consiste en construir un relato más o menos atractivo, siempre engañoso, con el objeto de distraer o seducir a los lectores para evitarles encontar la verdad, pensar en lo que les espera o simplemente estafarlos y venderles algo, que es lo mismo.

No importa si el objetivo es seducir a la enfermera de la otra cuadra, reemplazar cariños escasos, apropiarse de bienes públicos, del gobierno o alcanzar el poder y, ¿por qué no?, ocupar el lugar de dios aunque sea temporalmente: eso hace habitualmente lo que llamamos “literatura”.
Se trata ni más ni menos de un juego, una especie de ajedrez, donde las piezas son las palabras y como estas tienen significados y representaciones que cambian de continuo, no encontrarán sentido alguno allí, salvo el adormecerse, perder la conciencia, embriagarse y lograr evitar lo que más nos aterra: pensar.

De modo que voy a tratar de desenmascarar a las dos “inocentes criaturas” que me asignaron: “vaquita” y “amanecer”.
Intentaré develar la intrínseca maldad que constituye la esencia de estos dos Caballos de Troya, que ya no podremos usar sin ser cómplices o partícipes necesarios en la trapisonda de la literatura. Lo mismo podríamos hacer con cualesquiera otras, pero hoy nos ocuparemos de estas.
Queridos lectores, están ustedes advertidos: si desean seguir siendo engañados por las palabras, abandonen aquí mismo la lectura. Si, por el contrario, están dispuestos a intentar acercarse un poco a la verdad, a mirar aunque sea a través de un vidrio oscuro, agradeceré vuestro acompañamiento.

Tomemos a la angelical e inofensiva “vaquita” y  mirémosla en detalle. Comencemos por el hecho de que no está en el diccionario, o sea ni siquiera existe. Para colmo el sufijo “ita” identifica a veces a los diminutivos. Debemos tener más cuidado que nunca con estos casos, porque a su naturaleza de oculta intrusa le agrega ese sufijo dudoso, como para dar lástima en el caso de que la hayamos identificado. Pero ya la tenemos aquí, agarrada del cogote, y le haremos confesar todo.
Vaquita es confusa, los españoles usan “vaquilla” y se refieren a una ternera joven, de menos de dos años. ¿Será ésta la nuestra? ¡Quién sabe!
Con el mismo nombre se presenta un coleóptero pequeño de color rojo con pintas negras, también dice que se llama “vaquita” y le agrega un apellido: “de San Antonio”.
¿O será un mineral, desconocido para nosotros, con quién sabe qué propiedades peligrosas? Hasta podría ser radioactivo. El sufijo “ita” está presente en muchos óxidos y minerales estratégicos y complicados: pirita, azurita, rodocrosita, etc.
Vaca también es una apuesta a prorrata o un dinero que juntan algunos amigos para jugarlo o destinarlo a comprar algo más valioso de lo que podrían solos.
Antes de dejar a la resbalosa “vaquita” vale recordar que, si le sacamos el diminutivo con el que intenta pasar desapercibida, quitarse importancia o vaya a saber qué otra cosa, estaremos ante una “vaca” desnuda. Desnuda en sentido figurado, porque el animal viene todo forrado de cuero, como ya sabemos y por más que intenten mantener un perfil bajo, desde la fundación de nuestro país, nos  gobierna un grupo apoyado precisamente en ellas: la oligarquía vacuna.

Veamos ahora “amanecer” que con toda la dulzura y promesa que parece sugerir, también se trae el cuchillo bajo el poncho. Empecemos por el hecho que, de movida, no sabemos si se trata de un verbo o un sustantivo.
No sabemos si estamos llegando a algún lado o nos hemos pasado toda la noche allí. La cosa está negra en ese sentido a pesar de que algún diccionario diga que significa iluminar.
Y tampoco está claro si significa un comienzo venturoso o un castigo: recuerdo un amigo que llegó tarde a su casa y la esposa lo dejó afuera, sin dejarlo entrar. –Desgraciado, –le dijo–, vas a amanecer ahí, para que aprendas.
También significa pesadillas a repetición: Amaneció el Clarín debajo la puerta de la casa, como todos los días.
O la esperanza de un futuro mejor: Llegará el día en que amanezca sin el veneno de ese pasquín.

Disculpen ustedes el baño de realidad. Hubiera sido menos complicado entregarme al facilismo de hacer una composición que dijera, por ejemplo: Amanece sobre el ancho campo argentino, el ganado pace tranquilo entre las mieses y en la bucólica escena, se destaca una vaquita, triscando alegre en unos pastitos tiernos.
Todos estarían felices con sus pensamientos volando hacia el futuro luminoso que esperaría a esta tierra de promisión, llena de emprendedores produciendo alimentos y cervezas artesanales para todo el orbe.
Pero sabemos que la bruma se va, los globos se desinflan y ni a palos podemos comprender que nos pongan presos para aumentarnos la libertad o nos rebajen los sueldos para mejorar nuestra capacidad adquisitiva. Todo por una cosa muy simple: cada palabra quiere decir una cosa, y otra y otra, que en muchas ocasiones se oponen entre ellas mismas.
Además de que ellas no ayudan, si encima las usan unos mentirosos perversos no habrá forma de que entendamos algo.
La ambigua naturaleza polisémica de las palabras ha quedado expuesta con claridad, pero lo peor no está en ellas, debemos agregar el mal uso al que las sometemos. Ya lo dice un viejo refrán: en boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso.

.

viernes, 1 de diciembre de 2017

El paso del tiempo (en el cine)

Capturar el paso del tiempo, atraparlo, fijarlo o mostrarlo es un tema que tienta en forma reiterada a muchas expresiones artísticas.
El cine tiene ejemplos muy bellos y creativos de esos intentos, aún sabiendo lo dificultoso de la tarea. He reunido cuatro muestras de cómo abordan el asunto grandes directores, aunque no sea el tema central en la trama de sus películas.
Las elegidas son, por año de presentación:

            El baile, 1983, Francia-Argelia, dirigida por Ettore Scola.
            Cigarros, 1995, EEUU, dirigida por Wayne Wang.
            El árbol, 2006, Argentina, dirigida por Gustavo Fontán.
            45 Años, 2015, Inglaterra, dirigida por Andrew Haigh.


El baile relata 50 años de la historia de Francia, sin diálogos, con la cámara casi estática, en el mismo salón de baile, con los mismos actores. El tiempo parece abolido y las transiciones entre las diferentes épocas empiezan con la escena anterior fija, que va adquiriendo movimiento y los cambios sutiles en pequeños detalles, el vestuario, los peinados y, fundamentalmente, la música. Algún pequeño fuera de escena se utiliza para traer sonidos y noticias del “exterior”, pero la misma escena congelada y repetida a lo largo del tiempo, hasta terminar con la del principio, me parece un recurso maravilloso (que sigue copiándose a destajo por directores de cine y teatro.)


En Cigarros las historias principales pasan por otros lados, pero el protagonista, Auggie Wrenn (el dueño de la cigarrería, magistralmente interpretado por Harvey Keitel) saca todos los días, a la misma hora y con el mismo encuadre, una foto de la esquina de su negocio. Y así durante años, hasta que se las muestra al otro protagonista, Paul Benjamin (un excelente William Hurt, haciendo el alter ego de Paul Auster): “Nunca lo vas a entender si no las pasás más despacio. Son todas iguales pero cada una es diferente de la otra.”
Así es como Paul, en crisis por el fallecimiento de su esposa, la ve en una de esas viejas tomas y eso le abre un camino para superar la pérdida.
El álbum se convierte así en el modo en que Auggie atrapa el tiempo o al menos, lo intenta.


El árbol es, más que cualquiera de las otras, una reflexión sobre el paso del tiempo, es decir, sobre la vida y la muerte. Y el director lo muestra de diferentes maneras.
En la discusión de la pareja de ancianos sobre la conveniencia de derribar un viejo árbol de la vereda del que no sabemos ciertamente si está vivo o muerto y al que la película muestra tozuda y pacientemente, enfocado en diferentes estaciones a lo largo de los años.
Para dejar constancia de un tiempo más largo, el que va desde la infancia hasta el presente de los hijos de esos viejos, muestra un cajón con marcos de anteojos usados. Los hay desde todo tipo: Clipper, vampiresa, etc. Los diseños identifican las diferentes épocas que asociamos a figuras icónicas de nuestro pasado.
Una de las formas más creativas de mostrar el paso del tiempo y atraparlo... en un cajón de anteojos viejos.


45 Años. Kate y Geoff están a una semana de festejar el 45 aniversario de su casamiento cuando llega una carta del gobierno suizo solicitándole al marido colaboración para la identificación del cadáver de Katya, una mujer con la que él compartió unas vacaciones en los alpes, años antes de casarse. Un accidente, provocado por un alud, terminó con aquel paseo y la vida de algunos participantes. 
La noticia desencadena una crisis en la pareja. El pasado se hace pesadamente presente y el tiempo queda tan congelado como lo ha estado el cadáver de aquella jovencita durante más de 45 años. Para la joven, el tiempo no ha pasado: debe tener el mismo semblante de sus 20 años, para ellos la situación es bien distinta (e insoportable) ya que ambos superan los 70.

Tempus fugit pero, afortunadamente, el cine intenta atraparlo y parece que lo logra. Si las consiguen, recomiendo que vean alguna. No dejen que se les escapen.
.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Con el mismo cuento 46 - Marco Polo y sus continuadores

La suerte de unos y la desgracia de otros


Debemos la suerte de conocer las maravillas que contó Marco Polo a la desgracia de su captura y encarcelamiento en Génova luego de la derrota veneciana en Curzola, en 1298.
Durante el encierro contó sus memorias a Rustichello de Pisa –preso el también desde varios años antes– quien las plasmó en francés antiguo en Divisament du monde (Descripción del mundo), libro que vio la luz hacia 1307 y fue, después de la Biblia, el más copiado y traducido por varios siglos.

No bien salió se difundió rápidamente, en varios idiomas, en especial un compendio en latín, obra de Pipino, un erudito veneciano. Allí conoció Europa las primeras noticias sobre el Tíbet, China, Japón, Mongolia y otras lejanas tierras. Así  nos enteramos de la existencia del petróleo y la brújula, la porcelana y los espaguetis, la pólvora y otras “minucias” que usaban los “bárbaros” pueblos exóticos de oriente.


Hay varias cosas llamativas relativas al libro:
            Que uno de los libros más significativos de su época fuera escrito por un analfabeto en las lenguas cultas europeas y a dos manos.
            El tal analfabeto, conocía muchas lenguas y oficiaba de mercader, diplomático y traductor en una vasta extensión del planeta.
            Se difundió copiado a mano, pero trajo la novedad del uso por los chinos de los “bloques para imprimir” que más tarde dieron lugar al desarrollo de la imprenta.
            Se editó en una época donde había gran avidez por los relatos –para la misma época salía la Divina Comedia, en lo que después se instituyó como lengua italiana– de todo tipo y en especial por los de viaje y dio lugar a una larga lista de continuadores (Pigafetta, Coleridge, Calvino, Kafka, Dino Buzzatti), que llegan hasta nuestros días. De ellos he reunido a:

Las ciudades invisibles, 1972, de Italo Calvino
El turno del escriba, 2005, de Graciela Montes y Ema Wolf
Cruce de caminos, 2012, de Angélica Gorodischer

De Las ciudades invisibles he comentado algunas cosas en una entrada  anterior referida a las ciudades en general. Calvino describe ciudades de fantasía, todas con nombre de mujer de las que cuenta a su jefe, Kublai Kan, algunas particularidades. El emperador de los tártaros, Marco Polo a través del autor y el lector mismo, intentan entender el mundo (y organizarlo, ¿por qué no?)
La tarea es casi imposible, vana, pero divertida.

El turno del escriba también se escribió a dos manos y sus autoras ganaron con su novela el Premio Alfaguara 2005. Relata el proceso de escritura del original centrándose en la figura de Rustichello, que de humilde copista se va convirtiendo en escritor. Muestra las complejas negociaciones entre ambos para que el relato sea fiel y, a la vez, atractivo y emocionante.
Una bella reflexión sobre la diferencia entre tener una idea o historia y convertirla en un texto. Un rescate de ficción, justo y merecido, del personaje que la historia se tragó siendo como era, un importante protagonista de la conservación del tesoro.

Cruce de caminos es el relato de un imaginario encuentro en un bar de Rosario entre Kublai Kahn y Marco Polo al que la autora asiste sorprendida desde una mesa vecina. Aunque el bar no se llama El Cairo sino Burgundy uno no puede dejar de pensar en ese tipo de humor y parodias que practicaba Roberto Fontanarrosa.
.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Con el mismo cuento 45 – El Rey Salomón, Brecht y Bertoldo y Cía.

El fallo salomónico según varios intérpretes


Los libros de hoy narran una historia que tiene más de vieja que de cierta. Son versiones (covers los llamaríamos ahora) de una ingeniosa y antigua leyenda oriental que atribuye a algún rey o juez la sabiduría y el ingenio para resolver un litigio entre dos partes que reclaman la propiedad de algo. En algún sentido es el más antiguo y divertido policial detectivesco que conocemos.

La Biblia – Reyes 
Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno (1620), atr. a Julio César Croce y Adriano Banchieri
El círculo de tiza caucasiano, (1948), Bertold Brecht.

La Biblia: Reyes 3:16-29
Aquí se cuenta la historia del famoso fallo del Rey Salomón que amenaza con cortar con una espada a un niño, –el hijo que dos mujeres reclaman como suyo– y darle una parte a cada una. La verdadera madre rehúsa el ofrecimiento y dice que para eso mejor que se lo lleve la otra. Por el contrario esta insiste en que lo partan y eso provoca la sentencia de Salomón que ha identificado de este modo a la madre verdadera.

Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno
La primera parte narra las astucias del rústico Bertoldo que convence a Albuino, rey de los longobardos, para ayudarlo con su ingenio. La primera demostración es otra versión del caso: resuelven una disputa de dos mujeres por el robo de un espejo. Con este aporte gana la confianza del rey y continúa con una comedia de enredos muy divertida y de fácil lectura. Pero, como nada es eterno, en lo mejor lo sorprende la muerte y lo suceden primero su hijo y más tarde su nieto.

El círculo de tiza caucasiano
Parte de una historia similar, el cuento chino del mismo nombre, de Li Xingdao. El conflicto es entre los miembros de dos granjas colectivas soviéticas en la zona de Georgia. Están representados por dos mujeres que deben sacar al hijo que disputan al que una parió y la otra crió de un círculo dibujado en el suelo. La sentencia toma un camino opuesto al bíblico y los fundamentos sustentan el planteo de la obra teatral.


Hay algunos corolarios graciosos que podemos sacar:
Salomón, que hasta allí venía por el Campeonato y la Libertadores, no resulta tan inteligente como parecía, se entusiasma con ampliar su harén y sus dominios y termina entregando el trono de Israel. ¡Todo porque no supo mantener la armonía entre las 300 esposas que tenía!
Bertoldo, a pesar de su éxito como asesor del rey, se pone de punta con la reina, come demasiado y muere.
De Brecht podemos decir que estaba predestinado a escribir una pieza como esta desde su nacimiento y bautismo. ¡Díganme si no es mucha casualidad que se llame Bertoldo, igual que su ingenioso antecesor en la ficción!
Como CONCLUSIÓN podemos decir que todo; la sabiduría, la gola, la fama, TODO ES PURO CUENTO.

Bertoldo se puede leer haciendo clic acá:

.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Con el mismo cuento 44 – Encuentros ficticios de personajes célebres


Reunir a personajes célebres en una ficción ha tentado a muchos escritores. Este es el eje central de los títulos de hoy, separados en dos grupos: aquellos encuentros que tuvieron lugar y los que, por diferentes motivos, no ocurrieron: sus protagonistas nunca se conocieron personalmente.
No he puesto ningún ejemplo de un tercer grupo: aquellos que no podrían haberse conocido por pertenecer a épocas distintas. Si algún lector tiene presente algún título de este tipo, será bienvenido.

Copenhague, 1998, obra de teatro de Michael Frayn
El encuentro de Guayaquil, 2005, obra de teatro, de Pacho O’Donnell
Cardenio, 2016, novela de Carlos Gamerro

Los tonos del diablo (The devil’s mode), 1989, relatos, de Anthony Burgess (1917-1993)
Evita y Victoria, comedia patriótica en tres actos, 1990, obra de teatro de Mónica Ottino
El poeta y el pintor, 2014, de Ana Rodríguez Fischer

Copenhague
En 1941, plena Segunda Guerra, el físico alemán Werner Heisemberg –que lideraba las investigaciones atómicas alemanas– fue a Copenhague a visitar a su maestro Niels Bohr. A partir del año siguiente este se radicó en EEUU para trabajar en el proyecto Manhattan y desarrolló la bomba atómica norteamericana. El misterio en torno a lo que conversaron es el núcleo de la trama.

Guayaquil
El encuentro entre José de San Martín y Simón Bolívar, el 26 de julio de 1822, es uno de los momentos de la historia de los que poco se sabe y sobre el que se nos ha mentido mucho, a través de Mitre y sus secuaces/continuadores. A partir de una investigación rigurosa, y del análisis de la situación política, relata lo que pudo haber sucedido y conversado entre ellos con, probablemente mayor verosimilitud que las versiones escolares.

Cardenio
En 1612 John Flechter propone a Shakespeare escribir a dos manos una obra basada en un personaje que aparece en Don Quijote. Cardenio es, realmente, una obra “perdida” de Shakespeare que hace tiempo se está buscando, de la que se conoce el argumento (y ahora parece que hubiera aparecido.)
Gamerro toma esa trama en modo muy interesante y la duplica al entretejerla con la historia del mismo Fletcher, traicionado junto con su socio Beaumont por la esposa que compartían en una “unión triangular utópica”.
El punto en cuestión sería la exploración de los límites que el amor pone a la amistad, o de otro modo, las disputas entre nuestros deseos y la virtud impuesta como imperativo social.
Pero para hacer con eso una comedia de enredos o una novela se necesita el talento que los autores muestran en ambas obras “tocayas”.

Encuentro en Valladolid (uno de los relatos de Los tonos del diablo)
España agasaja a una delegación británica. Shakespeare, Lope, Cervantes y otros miembros del parnaso inglés y español del Siglo de Oro forman parte del encuentro.
“Will” va a ver una corrida de toros en Valladolid. El picadero y su asistente son Don Quijote y Sancho. Los compara con sus Hamlet y Falstaff, que nunca se hubieran permitido salir de su encierro libresco. Mientras el toro despanzurra a un caballo al que le salen las vísceras por todos lados, reflexiona sin poder creer que: “…esta gente considera a Tito Andrónico un baño de sangre inaceptable”.
Fina e imperdible mezcla de ironía, humor inglés e intertextualidad.

Evita y Victoria
La conversación entre ellas se representó durante 6 años seguidos, de 1992 a 1998 en Buenos Aires.

El poeta y el pintor
Hipotético encuentro entre Góngora y El Greco, de la profesora de Universidad de Barcelona Ana Rodríguez Fischer.

Para leer Encuentro en Valladolid hacer clic en este enlace (ir a las páginas 18 a 21)

o acá:
.

lunes, 16 de octubre de 2017

Títulos repetidos 10 – El Centinela

Alejandra Zina y Arthur Clarke


El centinela, 1948, Arthur Clarke. Publicado en 1951 en The Avon Science Fiction con el título de Centinela de la Eternidad.
El centinela, 2013, Alejandra Zina. El relato se publicó en la antología Osario común de la Editorial Muerde Muertos, Buenos Aires, 2013 y luego en el suplemento Verano12 del diario Página12.


El Centinela de Clarke, sorprende por haber sido escrito casi 20 años antes de la llegada a la Luna y 10 antes del lanzamiento del Sputnik. Luego del fracaso inicial se hizo muy conocido por haber sido incluido en una parte de la película de Kubrick 2001 Odisea del espacio. Un derroche de rigor científico y a la vez de una gran ternura e ingenuidad filosófica.

No dudo en poner a El centinela de Alejandra Zina entre los mejores cuentos de la literatura argentina. Muestra la indestructible y ominosa presencia del pasado en una pareja y, a la vez, en la de todos, en especial de nosotros, los argentinos. Una joya.

Se pueden leer en estos enlaces:


.

sábado, 14 de octubre de 2017

Bandera Argentina - Antecedentes


Los navíos de las flotas radicadas en el Mar Adriático hacia 1804 llevaban este prospecto de las “Banderas de todas las Naciones” a fin de reconocer el origen los barcos de guerra o mercantes con que se cruzaban.
Sorprende que, en la primera línea, haya unas muy parecidas a la Bandera Argentina.
Pertenecían al Reino de Etruria ‒el antiguo Reino de Toscana‒, creado durante las guerras napoleónicas y que existió entre 1801 y 1807.

Napoleón desalojó al Rey de Toscana, acordó reemplazarlo por  Luis de Borbón, sobrino de la Reina María Luisa de España y cambió el nombre a sus dominios. El tratado de creación del nuevo Reino de Etruria y de una flota conjunta para luchar contra Inglaterra fue firmado por su hermano Luciano Bonaparte y el español Manuel Godoy cuando ya los franceses habían desalojado del poder al italiano Fernando III.
Hacia 1807 Francia se lo adueñó definitivamente, le devolvió su antiguo nombre  y Napoleón nombró a su hermana Elsa como Gran Duquesa de Toscana. En 1814, con la restauración, los napolitanos desalojaron a los franceses y repusieron al antiguo rey.

Si se observa el dibujo con detenimiento, se verá que la primera línea está reservada para la República Francesa y los reinos de Etruria y el Piamonte. La segunda para España, Inglaterra y Austria. Portugal está en la tercera y los Estados Unidos de América en la cuarta.
Podemos colegir que el General Manuel Belgrano, que estaba estudiando por esos pagos en aquellos años, tenía conocimiento de la existencia de esa bandera y seguramente simpatía por ella. Eran colores y banderas que representaban a los borbones.
.
Favor hacer clic en la foto si quieren verla en detalle.